Donde la vida vence a la muerte
Quienes han visto la obra del Hogar Nazaret aseguran que los milagros existen. Si alguien no cree en Dios, dicen, «que vaya allí». Porque lo que sucede en esta casa es, sencillamente, alucinante. Es un lugar donde el amor demuestra ser capaz de sanar no solo las heridas del alma, sino también las heridas físicas que parecen que son imposibles de sanar. Es un testimonio vivo de que la vida puede florecer donde solo había muerte.
Los niños que llegan a nosotros vienen «totalmente rotos». Son niños desahuciados por el mundo; niños de los que un familiar ha dicho «no me vale para nada» , o de los que un médico ha sentenciado «no tiene solución, milagros a Lourdes».
Recibimos al niño que nunca jamás nadie le ha dado un abrazo, al que nadie ha considerado
A veces llegan en tal estado que, con perdón, da hasta asco, oliendo mal, incluso con carne podrida. Y ese mismo niño, ese ser humano que estaba totalmente destrozado , se convierte en alguien maravilloso. Hoy, uno de esos niños está preparando su doctorado para psicología, y una de nuestras niñas mayores estudia medicina la Francisco de Vitoria en Madrid.
La raíz de la misión del Hogar Nazaret
Es importante aclarar que, aunque los dramas son terroríficos, los niños que acogemos en el Hogar Nazaret no son niños que proceden de tráfico de órganos. Nuestra misión, que empezó hace 36 años en El Salvador, se centra ahora en lo más profundo del Amazonas. No recogemos simplemente a niños pobres, sino a los más pobres dentro de los pobres. En esos lugares, la pobreza material extrema evoca una pobreza moral eh espectacular.
En este contexto, nacer mujer es la mayor desgracia que te puede ocurrir. La mujer es considerada un objeto, nada más, un objeto sexual. Es una realidad terrible donde padrastros tíos eh primos hasta los hermanos abusan sexualmente de ellas. A partir de los 12 años, cuando la niña es mujercita, esta tragedia es casi sistemática.
Ante la pregunta de cómo se puede recuperar la dignidad de esa niña de 12 años, la respuesta, aunque no es políticamente correcto, es clara: Para mí es Dios.
Para mí la respuesta a todo es Dios
Padre Ignacio María Doñoro
La sanación ocurre cuando esa niña o ese niño tiene un encuentro directo con el amor más fuerte. Este amor lo reciben de sus compañeros, porque formamos una familia, pero el verdadero centro del Hogar Nazaret está Jesús. Estamos convencido totalmente de que es Jesús el que les cura. El Secreto es Jesús.
Esta fe es la que sostiene la obra, porque no tenemos ningún otro respaldo. Cuando nos preguntan quién paga el hogar Nazaret, la respuesta honesta es: eso quisiera yo saber. Llevamos 14 años en los que no tengo ninguna diócesis que quiera amparar esto, ninguna institución religiosa. No hay nadie detrás. Vivimos de la providencia, de pedir con un poquito de alegría a través de un crowdfunding en nuestra página web. Cómo vivimos pues no lo sé, pero poquito a poco, cuando necesitamos algo, pues aparece. Aparecen ángeles que responden.
Una respuesta entre la vida y la muerte
Es fundamental entender que el Hogar Nazaret no es un colegio.
Lo que hacemos aquí es elegir entre la vida y la muerte.
Ya han pasado miles de niños por esta casa. El objetivo es que ese niño que estaba destrozado que no valía para nada pueda recuperar a su familia y descubra que tiene muchas capacidades. Incluso con niños discapacitados, buscamos a ver qué parte del cerebro está dañada y lo sacamos adelante. Han llegado muchos moribundos, pero gracias a Dios ninguno ha fallecido.
El trabajo puede parecer infinito, pero no lo es. Nos guiamos por esa frase del Talmud: el que salva a un niño salva a la humanidad. Cada niño es único, cada niño es irrepetible. Cada uno es una victoria tremenda. Como la victoria de los menores de la casa, dos hermanos de 6 y 7 años. Ellos vieron cómo el padre mató a la madre. Llegaron en shock, no hablaban y pensábamos que necesitarían un tratamiento psiquiátrico. Hoy, son la alegría de la casa, dos máquinas tremendas.
Esta obra nació de la obediencia. El Padre Ignacio Doñoro era capellán de la Guardia Civil en Intxaurrondo, feliz en su puesto. Pero una llamada de quien era secretario del Papa Benedicto XVI, el Cardenal Robert Sarah, lo cambió todo. El Cardenal le dijo: «tú no eres nada pero esta obra que quieres hacer y que estás haciendo ya es de Dios. Fue por pura obediencia a la Iglesia que todo comenzó.
Ahora la llamada es para ti ¡Conviértete en Rescatador!
Hoy, esa llamada se extiende a ti, que ves que la vida pasa demasiado rápido, que tienes sueños, que ves que podrías hacer algo más. Hay mucha gente que sufre.
Tú puedes formar parte de este sueño de Dios donde niños que están desahuciados sanan por completo.
Niños que ni ni ante el dolor ni gritan, vuelven a vivir. Te invitamos a que te conviertas en RESCATADOR de niños y niñas del Amazonas peruano. No es una invitación a mejorar sus vidas, es una respuesta de vida. Puedes salvar a un niño aprovecha esa oportunidad.
Fuente original: COPE
