Así se mejora tu relación con Jesús: 7 consejos cruciales
Nuestra amistad con Jesús está basada en la confianza. Que Jesús es nuestro mejor amigo lo tenemos claro, como también que, siendo amigo nuestro, al mismo tiempo es nuestro Dios, y Dios es nuestro Rey, nuestro Creador y nuestro Padre.
¿Cómo vivimos esa confianza filial y la confianza de amistad?
Intento cultivar en los niños una confianza a la que llamo fe ciega, es decir, una fe que se mantenga pase lo que pase, basándome en una serie de premisas que voy explicándoles poco a poco:
- Jesús te llama por tu nombre. Te conoce. Para Él eres único. Eres muy importante. Todo lo tuyo le interesa. Jesús te escucha. Le puedes contar tus cosas: es más, se las debes contar. Pero también tienes que escuchar a Jesús. Él te da sus respuestas a través de la Palabra, del Evangelio del día y la oración. De ahí las visitas al oratorio, que está en el centro de la casa, y al Santísimo, que son fundamentales para cultivar esa amistad.
- Jesús es el primero al que tenemos que acudir cuando sufrimos. A todos los niños que están en el Hogar Nazaret les ha ocurrido algo terrible. Eso significa que tienen momentos en los que reviven las situaciones traumáticas. Cuando los fantasmas del pasado vuelven se producen momentos difíciles, y al primero al que acuden es a Jesús. Y ante las peleas entre hermanos, las contrariedades y los fracasos, Jesús también consuela.
- Jesús es el primer invitado de la fiesta. Celebramos casi todo, aunque sea de forma sencilla. La Santa Misa abre todas nuestras celebraciones. Celebramos que Jesús está en medio de nosotros.
- Dedícale un tiempo a tu amistad con Jesús. La amistad con Jesús tiene que ir creciendo. Hemos de crecer en sentirnos amados por Dios y en amarle cada día más. Tiene que haber momentos concretos dedicados al Señor cada día. Por eso son importantes los horarios, para tener tiempo para la oración, el rosario, la misa, la adoración… A Jesús hay que dedicarle tiempo y darle su espacio.
- Para que Jesús sea tu mejor amigo tienes que ser sincero con Él. Para eso es imprescindible aceptar la propia realidad. A veces creo que no somos sinceros con Dios porque no somos sinceros con nosotros mismos. Para cultivar la amistad en sinceridad con Dios hay que saber pedirle perdón y darle gracias continuamente, sabiendo que dar gracias a Dios por sus dones es fuente de gracias aún mayores.
- Pedir perdón a Dios en la confesión sacramental.
Los niños se confiesan una vez a la semana. Saben que no hay prisa, que la confesión ha de ser pausada y tranquila.
Muchas veces empezamos la misa más tarde porque alguno se quiere confesar, y hago esperar a los demás sabiendo que todos tenemos derecho a poder confesarnos y recibir al Señor.
Creo que jamás le he dicho a nadie que no le confesaba porque fuera una determinada hora, porque el Espíritu Santo es quien pone en el alma el deseo de buscar la misericordia de Dios.
¿Quién soy yo para luchar contra el Espíritu Santo, que está poniendo en un alma el deseo de confesar? Que nadie con ese deseo se quede sin poder llevarlo a cabo.
Al contrario, hay que potenciarlo.
Y por último, Jesús es muy divertido. Los niños tienen una gran complicidad con el Señor. Les explico que Jesús es muy alegre, porque su alegría nace de un gozo profundo. Y veo la alegría con la que rezan ellos, sabiendo que Jesús es su aliado y que nunca les va a fallar. Con Jesús la alegría es desbordante.
Leído todo esto, creo que sería un gran momento para que empieces a formar parte de algo grandioso:
