León XIV y el Hogar Nazaret: «Buscad la verdad» en la sonrisa de un niño rescatado
Esta semana, las campanas de la Catedral de la Almudena y el clamor de más de un millón de fieles en la Plaza de Cibeles han marcado un hito histórico con la visita del Papa León XIV a España. Mientras Madrid se convertía en el epicentro de la fe, en el rincón más profundo del Amazonas peruano, los niños del Hogar Nazaret seguían cada gesto del Santo Padre con una emoción especial. Porque, aunque miles de kilómetros nos separen, compartimos un mismo lenguaje: el de la caridad que no sabe de distancias.
Una misma mirada
Durante su estancia, el Papa León XIV lanzó un reto que resuena con fuerza en nuestras casas de acogida: «mirar a los pobres a los ojos» y no posponer la caridad. Ese es, precisamente, el «milagro diario» que el Padre Ignacio María Doñoro comenzó hace años cuando decidió dejarlo todo para rescatar la infancia herida. En el Hogar Nazaret, mirar a los ojos no es un concepto abstracto; es ver a Jesús en cada niño que llega roto y descubrir cómo, a través del amor, recupera la capacidad de soñar.
La conexión con Madrid es profunda. Mientras el Papa recorría las calles madrileñas, algunos de nuestros jóvenes, como Riky Maiky y Keiko, se encuentran allí mismo, formándose en universidades como la Francisco de Vitoria o la UNIR. Ellos son la prueba viva de que el rescate es real: de la selva más remota a la capital de España, portando el testimonio de que «los pobres nos llevan al cielo».
Tejer redes de esperanza
El Santo Padre invitó en su encuentro en el Movistar Arena a «tejer redes» con el mundo de la cultura y la economía. En el Hogar Nazaret, esas redes se traducen en nuestros «Rescatadores», personas que desde España y el mundo entero sostienen esta obra de Dios.
Una familia que cruza el océano
La visita papal ha defendido la vida y la familia como pilares fundamentales. En nuestras casas, Nuestra Señora del Rocío y el Corazón Inmaculado de María, vivimos esa realidad cada día: somos una familia sobrenatural unida por la sangre de Cristo.
Al terminar su visita, León XIV nos recordó que el amor siempre multiplica. Hoy, desde el Amazonas, nos unimos a esa oración por la paz y la concordia, reafirmando que, ya sea en la inmensidad de Madrid o en la espesura de la selva, el milagro más grande sigue siendo ver a un niño volver a sonreír.
