Ya hemos rescatado a más de 4.000 niños
Artículo basado en la entrevista de Jesús Navascués Pérez en Infocatólica al padre Ignacio María Doñoro.
En el corazón de Madrid, en una casa que aún huele a pintura fresca y nuevos comienzos, nos recibe el padre Ignacio . El ambiente en la sede de Hogar Nazaret es de serena actividad; allí, un grupo de jóvenes se forma en la oración y el estudio, preparándose para lo que el padre define como una llamada que trasciende lo social.
Con la franqueza de quien ha visto de cerca el infierno en la tierra, el sacerdote bilbaíno nos desbroza el camino de una obra que hoy rescata miles de almas en la selva amazónica.
El «accidente» oficial de un Capellán Militar
Muchos ven en él a un héroe, a un fundador visionario, pero el padre Ignacio sacude la cabeza con una sonrisa. «No es por humildad, es que soy de Bilbao», bromea, para luego aclarar que Hogar Nazaret nació de una serie de «Diosidencias» más que de un plan humano.
Tras décadas rescatando niños en situaciones de extrema pobreza o tráfico de órganos en El Salvador y Colombia, su vida dio un vuelco en 2016. Un encuentro con el Cardenal Robert Sarah fue el detonante. «Me quedé petrificado. Me dijo que lo que yo hacía era lo que el Papa pedía. En aquel entonces yo era capellán militar; no tenía nada que ver con esto a nivel oficial». La providencia hizo el resto a través de la entonces Ministra de Defensa, Carme Chacón, quien impulsó los trámites para su excedencia.
«Salí publicado en el Boletín Oficial y me vi solo. Mis amigos se retiraron y me fui al Amazonas con una Virgen del Pilar en la maleta. Le saqué un billete, la puse en el asiento de al lado y así, abrazado a ella, empecé esta obra».
De las sombras de Intxaurrondo a la selva peruana
Para entender el valor del Padre Ignacio, hay que viajar a sus años en el cuartel de Intxaurrondo, en una época donde ETA masacraba a la Guardia Civil. «Soy hijo de un momento histórico de persecución. En el cuartel que más atentados sufrió, yo buscaba qué hacer para ayudar».
Ese deseo de justicia le llevó a El Salvador, donde se infiltró como «traficante» para salvar la vida de un niño destinado al tráfico de órganos. Fue el inicio de un tren que, según sus palabras, «le llevaba al cielo pasando por el infierno». Curiosamente, el hombre que no conoció el miedo frente al terrorismo, lo conoció por primera vez en Perú con una niña agonizante en sus brazos llamada María.
«Sentí miedo de que me detuvieran si la niña moría. Me alegré de sentirlo; me hizo ver que era humano», confiesa. Fue en ese momento de debilidad cuando describe una experiencia sobrenatural: una visión de la Madre Teresa de Calcuta que, lejos de la dulzura esperada, le gritó con autoridad: «¡Si muere, que muera con dignidad!».
La batalla espiritual: «Donde no está la Eucaristía, está el demonio»
El padre Ignacio no esquiva los temas espinosos. Para él, la labor social es inseparable de la batalla espiritual. En las profundidades de la Amazonía, donde la Santa Misa nunca se ha celebrado, asegura encontrarse de frente con la oscuridad.
- Más que ayuda humanitaria: «Hogar Nazaret no se crea para ayudar a los pobres, sino para consolar el corazón de Jesús, herido por los pecados de los hombres».
- El poder del Bautismo: Ha rescatado a cerca de 4.000 niños. Relata cómo los bautismos en zonas de paganismo extremo se convierten en «auténticos exorcismos» donde ocurren fenómenos extraordinarios.
- La primacía de la Iglesia: Es tajante respecto al relativismo: «Donde Cristo no se hace presente en cuerpo, alma, sangre y divinidad, el demonio campa a sus anchas. No todas las religiones son iguales; fuera de la Iglesia no hay salvación».
Un ejército de virtudes y rescate a la vida
La obra se expande ahora con un proyecto ambicioso en la Plaza de Armas de Moyobamba: una casa de rescate para madres adolescentes. «Nunca una madre a la que he convencido de no abortar me lo ha echado en cara; al contrario, años después solo recibo agradecimientos».
Pero lo que más enorgullece al padre es la formación de sus «hijos espirituales». No busca solo licenciados, sino santos.
- Excelencia académica: Jóvenes que llegaron destrozados ahora inician doctorados en psicología con proyección internacional.
- Soldados de la Virgen: Jóvenes que no se arrodillan ante el dinero ni el poder, pero que se ponen de rodillas ante la Eucaristía. «En España la gente se pone nerviosa si el cura se alarga; mis hijos se emocionan al ver a Jesús en el altar».
Cómo colaborar con la Providencia
Hogar Nazaret se sostiene, según el sacerdote, por la Divina Providencia y el esfuerzo de estirar cada céntimo «como hacían las abuelas». Sin grandes apoyos institucionales, la obra depende de la generosidad directa de quienes visitan su web: hogarnazaret.es.
«Es una apuesta segura por consolar a Cristo y salvar a los últimos de la tierra», concluye el entrevistador Javier, mientras el Padre Ignacio ya piensa en el próximo niño que necesita ser rescatado de las garras de la desesperanza.

